martes, 28 de febrero de 2017

Cartas de Shamballa 21: Investidura por proximidad




Por Juan El Amado, 01de mayo de 1960
Es Mi Maestro un hombre de lo más intrépido y amoroso, también es sumamente amable, si bien de lo más estricto, - algo que nos consta a quienes vivimos cerca de Él. Jesús tenía ciertos principios definidos con los que vivía. No le pedía a nadie que diera la talla a ese respecto, pero cuando se ama lo suficiente y se desea permanecer en el aura de Aquel a quien amas, esos principios se convierten en tuyos. De esta manera fui investido, mediante la proximidad a la persona de Jesús no-ascendido, con Su fe iluminada y convicción en el Poder de Dios Todopoderoso, el poder para aferrarse a todo lo que es veraz y bueno; el poder para trascender el mal y perdonar el pecado. El más grande regalo que Jesús le dio a Mi humilde ser, fue Su propia Bendita Madre. Ella era un ser bellísimo, aun en su estado no ascendido, quien permaneció sola conmigo en la colina del Gólgota, y después de tres horas de espera con Él, Jesús dijo: “Hijo, he aquí a tu Madre; Madre, he aquí a tu hijo.” Yo, hondamente en Mi corazón, si bien no expresé Mis sentimientos por consideración, me arrodillé ante Mi Maestro, y protegiendo a la Madre María con Mi capa, la llevé a salvo a Betania por el período mientras los dos esperábamos con la total convicción y el conocimiento absoluto, de que la “Vida Inmortal” es más fuerte que la muerte, y que todas las apariencias humanas y males de la época no podían destruirle.
María oró mucho aquel domingo. Sí, oró de rodillas, para que Jesús pudiera resucitar Su vehículo físico mediante la ayuda de la Llama de la Resurrección del Gran Serapis, del Santo Aeolus, de Gabriel y Esperanza, de manera que hubiera una primera mañana de Pascua. No podía esperarse otra cosa que Él viniera a Ella primero, tal cual lo hizo con los estigmas, e igualmente no cabía más, que después de treinta y tres años del más poderoso Amor Divino, los ojos de María se llenaran de lágrimas cuando vio que Jesús había cumplido Su Misión en la Tierra. Era de lo más apropiado que Ellos tuvieran privacidad en esos momentos antes de la Gloria de la Mañana de Resurrección, cuando para conformar un pequeño tapiz de un Evento Cósmico, la tumba fuera hecha estallar, y Jesús resucitado, vestido como un jardinero, saliera caminando y le hablara a María de Magdala. No cabía más que ellos tuvieran este sábado antes del domingo, cuando alegres dijeran y sintieran: "¡Oh, qué bien! ¡Lo logró!", y arribaran a una nueva vida. Durante ese período, desde el Domingo de Resurrección hasta el día de Pentecostés, Jesús caminó y habló con ellos, llevando todavía los estigmas en sus manos, sus pies y costado, así como también las marcas en la frente, de manera que la gente como Tomás, pudiera saber que no lo habían sustituido por otro, y los convenció a todos.

Practica engañosa
Verán, en aquella época, había una práctica, que se podría llamar "mala práctica", hecha por muchos miembros del Sanedrín, de los fariseos, los persas y los egipcios, que consistía en que cuando un individuo no podía resucitar una forma, ellos escogían a otro individuo muy similar en color, forma, tamaño y apariencia en general, que los representara. Pasaban entonces por la crucifixión o el entierro en el sarcófago. De hecho, ellos no salían del todo victoriosos de la experiencia, sino que entraban al "Ámbito de los Durmientes" y decían: "Vaya, cómo me alegra que eso haya terminado", y alguna que otra alma salía aparentemente victoriosa para dar ánimo a la hermandad y a los discípulos, engañándolos.
Jesús no tenía inclinación alguna al engaño. Nos dijo a Su Madre y a Mí, que si por alguna razón no alcanzaba el logro a través de Su propio vehículo físico, que lo enterraran en el jardín de José de Arimatea, y consideraran que Él no había realizado Su Misión. José de Arimatea, uno entre los ricos y acaudalados, ofreció su tumba. A menudo, sigue ocurriendo que ustedes ofrecen su Luz, la sustancia y la energía de su mundo ahora, tal cual lo hizo y lo sigue haciendo Jesús.
Cuando hayan pasado por el cambio llamado muerte, y entrado al ámbito en el que Nosotros habitamos, habrá quienes los santificarán, porque ustedes están con toda seguridad "del lado de allá". Amados míos, estén seguros aquí primero, y luego calificarán para estar seguros “del otro lado”. ¿Qué es el más allá?, se preguntan ustedes. ¿Arpas, cantos y arrobamiento celestial con los Maestros a quienes aman; visitas con amigos y seres queridos? Sí, pero en el "más allá" hay muchas cosas que no son tan constructivas. Jesús descendió a los infiernos, a sus mismísimas profundidades, para contar las corrientes de vida que requerían redención, y pasó por el purgatorio que Dante tan vívidamente describió, antes de calificar por cuenta propia para entrar al ámbito de los Seres Ascendidos y formar parte de la Corte Celestial. Jesús hizo esto, aún antes de encontrarse con Su Madre y conmigo, y reasegurarnos que salió victorioso. ¡Éste fue Su Pacto privado con Dios Todopoderoso!