jueves, 20 de julio de 2017

ANNIE BESANT.- DOCTRINA DEL CORAZÓN:CARTA 11


Hablando corrientemente y de un modo general, en el plano en que vivimos hay tres puntos de vista para considerar la miseria en general. Podemos considerarla, por ejemplo: Como prueba o ensayo del carácter; Como agencia de retribución o justo castigo; Como medio de educación en el sentido mas amplio de la palabra. Al examinar estos tres puntos de vista viéneme a la mente la resistencia "mortal" al dolor (experimentada a veces por algunos aspirantes), pa-recida en mucho a la idéntica relación que hay entre el confinamiento aislado y la prisión con trabajo forzado. Sin duda alguna, esta ilustración es un tanto cruda, no obstante, me parece muy sugestiva, pues he hallado que la analogía es buen auxilio en la comprensión de lo abstracto y de las proposiciones sutiles: tal es el motivo de este plan para explicar las cosas. Otra vez, todas las fuerzas operan aquí hacia la evolución de una humanidad perfeccionada, y es solamente por me-dio del desarrollo armonioso de todas nuestras facultades superiores y nobles virtudes que podemos alcanzar la perfección.

Y este desarrollo armonioso es posible solamente mediante el ejercicio apropiado de esas facultades y virtudes, mientras que ese ejercicio, a su vez, requiere condiciones particulares para cada distinto atributo. El sufrimiento intenso y positivo ni prueba ni compensa o pone en actividad las mismas aptitudes y méritos de la humanidad como un pesado, melancólico vacio interno. Paciencia, sufrimiento resignado, fe, devoción, se desarrollan mejor durante una lobreguez mental que durante una lucha dura y activa. La ley de acción y reacción se aplica en el plano moral, y las virtudes evocadas por ese "embotamiento" mental son las mas apropiadas para combatirlo y vencerlo, y ciertamente no son las mismas con las cuales confrontéis el dolor actual, por atormentador que sea. Una palabra más sobre este asunto y continuaré. Ese estado mental indica que el peregrino esta en la línea divisoria entre lo conocido y lo desconocido con definida tendencia al segundo. Ella marca un grado definido de crecimiento espiritual e indica el estado en que el Alma en su marcha progresiva, vaga pero inequívocamente, ha comprendido el carácter evasivo del mundo material, esta insatisfecha y disgustada con las cosas groseras que ve y conoce, y ansía las cosas mas reales, conocimiento mas substancial.
La explicación precedente, aun cuando sucinta e inconexa, espero que os satisfará respecto de la utilidad de vairagya - del sentir la ausencia total de la vida y la realidad tanto en vosotros mismos como en el mundo que os circunda - en la economía de la Naturaleza, y os muestre como ella sirve de criterio para la firmeza mental y la sencillez del corazón, de que manera como medida punitiva actúa como antídoto contra el egoísmo intelectual - el inexcusable error filosófico de identificar el Ego con la personalidad - la locura de tratar de nutrir el Alma con grosero alimento material; y además, como desarrolla ella o, antes bien, tiende a desarrollar la verdadera fe y devoción, y despierta la Razón superior y el Amor de lo Divino.
De lo alto a lo bajo, la vida es una alteración entre el movimiento y el reposo, entre la luz y la obscuridad, entre el placer y el dolor. Así pues, nunca permitáis que vuestro corazón se hunda en la desesperación ni dejéis que lo arrastre cualquier corriente de pensamiento adversa. Habéis comprobado intelectualmente, y en la actualidad estáis experimentando el fantástico e ilusorio carácter de las cosas perceptibles por los órganos sensorios y aun por la mente, y la efímera naturaleza de todos los placeres físicos y emocionales. Manteneos firmes, por lo tanto, en la senda que os ha de llevar a una visión de la verdadera vida, por escabrosas que sean las regiones por donde ella ha de cruzar, por privados de alegría que sean los desiertos que de cuando en cuando ella ha de atravesar. Sobre todo, tened fe en los Compasivos Maestros, con alma y corazón dedicaos a Su servicio, y todo ha de tener buen fin.
ANNIE BESANT