jueves, 20 de julio de 2017

ANNIE BESANT.- DOCTRINA DEL CORAZÓN:CARTA 7


No permitáis que los impulsos guíen la conducta. El entusiasmo pertenece al sentimiento, no a la conducta. El entusiasmo en la conducta no tiene lugar en el Ocultismo verdadero, pues el Ocultista debe ser dueño de si mismo. Una de las cosas mas difíciles en la vida del Ocultista es mantener el balance al nivel - este poder emana de la real penetración espiritual. El Ocultista tiene que vivir mas en la vida interna que en la externa. El siente, comprende, sabe mas y mas, pero exhibe menos y menos. Aun los sacrificios que tiene que hacer pertenecen más y más al mundo interno que al externo. En la ordinaria devoción religiosa todo el sacrificio y fuerza de que nuestra naturaleza es capaz se usan adhiriéndose a lo externo y en superar el ridículo y las tentaciones del plano físico. Pero estas deben servir para mayores objetos en la vida del Ocultista. Debe considerarse la proporción, y subordinarse lo externo. En una palabra: nunca ser peculiar.
Así como el Hamsa toma la leche solamente y deja el agua en que ambas están mezcladas, tal hace el Ocultista, extracta y retiene la vida y la quinta esencia de todas las diversas cualidades y arroja las cáscaras en que ellas están alojadas.

¿Como pueden las gentes suponer que los Maestros deben intervenir en la vida y acciones de los individuos, argüir que Ellos no existen o discutir Su indiferencia moral, porque Ellos no intervienen? Con igual razón, las gentes podrían poner en duda la existencia de alguna Ley moral en el Universo, y argumentar que la existencia de iniquidades y practicas infames en la humanidad es contra la suposición de tal Ley. ¿Por qué olvidan que los Maestros son Jivanmuktas y que laboran con la Ley, se identifican con la Ley, y que en efecto son el mismo espíritu de la Ley? No hay motivo para sentirse doloridos, pues el tribunal al que nos sometemos en asuntos de conciencia no es la opinión publica sino nuestro Yo Superior. Batalla como esta es la que purifica el corazón y eleva el alma, y no la furiosa lucha hacia la cual nuestras pasiones o acaso "la justa indignación" o lo que se ha llamado "justo resentimiento” nos impelen.
¿Que son para nosotros las inquietudes y las dificultades? ¿No les damos la bienvenida así como a los placeres y las facilidades? ¿Pues no son ellas nuestras mejores entrenadoras y educadoras, llenas de saludables lecciones? ¿No nos incumbe, por lo tanto, ir con mas equilibrio a lo largo de todas las mudanzas de la vida y las vicisitudes de la fortuna? ¿Y no sería mayor descrédito para nosotros si dejásemos de preservar la tranquilidad mental y el equilibrio emocional que deberían siempre caracterizar la disposición del discípulo? Ciertamente el debería permanecer sereno en medio de las tormentas y tempestades exteriores. Este es un mundo completamente enloquecido si miramos su exterior solamente; no obstante, ¡cuan engañadora es su locura! Es la verdadera locura de la demencia, donde quien la padece ignora su condición - mas aun, se cree perfectamente sano. ¡0h! si la armonía y la música que reinan en el Alma de las cosas no nos fueran perceptibles a nosotros, cuyos ojos han sido abiertos a la completa locura que penetra la corteza exterior, cuan intolerable nos seria la vida. ¿No pensáis que no es completamente agradable estar triste, cuando estamos obedeciendo los deseos de nuestros Señores y nos hallamos en el desempeño de nuestro deber? Debéis tener no solamente paz y satisfacción, sino también alegría y vivacidad cuando servís a Aquellos cuyo servicio es nuestro mas grande privilegio y cuya memoria es nuestro mas verdadero deleite.
Que Ellos nunca nos han de olvidar es tan cierto como la Muerte. Pero es nuestro deber unirnos a Ellos con real y profunda devoción. Si nuestra devoción es real y profunda no hay la mas remota casualidad de que caigamos lejos de Sus santos Pies. Pero vosotros Sabéis lo que significa real y profunda devoción. Sabéis tan bien como yo que nada que no sea completa renuncia de la voluntad personal, el anonadamiento absoluto del elemento personal en el hombre, puede constituir Bhakti propio y genuino. Es solamente cuando toda la naturaleza humana esta en perfecta armonía con la Divina Ley, cuando no hay una nota discordante en ninguna parte del sistema, cuando todos los pensamientos de uno, ideas, imágenes, deseos, voluntarias e involuntarias emociones vibran en contestación, en completa concordancia con el "Gran Aliento", que se alcanza el verdadero ideal de devoción, y no antes de ello. Nos elevamos mas allá de la posibilidad de fracaso solamente cuando se ha llegado a esa etapa de Bhakti, la única que asegura progreso perpetuo y éxito indudable. El discípulo no fracasa debido a falta de cuidado y amor de parte de los Grandes Maestros sino, a pesar de esos desvelos a causa de su contumacia y debilidad innata. Y no podemos decir que la contumacia sea imposible en quienes asoman ideas de separatividad - impregnadas a lo largo de eones de ilusorio pensar y corrupción no erradicadas completamente aun.
ANNIE BESANT