sábado, 17 de junio de 2017

URIEL JUNIO DE 2017

 
 

Soy Uriel, ángel de la Presencia y Arcángel de la Reversión. Bien amados hijos de la ley de Uno, comulguemos juntos unos instantes, en el silencio del Corazón y de la Eternidad.
…Silencio…
Hoy, vengo a ti en el silencio de tu Eternidad, a ayudarte a descubrirte, para mostrarte lo que eres, para que lo seas, y eso, para siempre. entonces escúchame y óyeme en el silencio de tu Corazón. Vengo a depositar la gloria del Uno, ahí donde te encuentras de toda Eternidad, y ahí donde nunca apareciste ni desapareciste, ahí donde está tu verdad. Acógeme, como te he acogido en las moradas de la Eternidad.
Descansa en tu seno, descansa en las profundidades de lo que eres, ahí donde no hay ningún fin ni principio y donde todo sólo es Felicidad, dicha y éxtasis. En este instante, dondequiera que estés, te invito a ser tú mismo más allá de toda apariencia, de toda carne y de toda forma.
Vengo a cantar el canto de tu resurrección, a aquel que acompaña el sacrificio de este efímero, que tanto te hizo esperar y que al mismo tiempo te ha engañado sobre la finalidad de lo que vives en este mundo. Ábrete, abre de par en par lo que eres, y deja ser lo que no necesita parecer, y deja ser lo que nunca puede desaparecer.
Entonces, en el templo del Único, en el templo de cada Uno, deposito el canto de la Felicidad, el canto de la Resurrección, así como lo anuncia tu liberación. Entonces mira ahí donde me encuentro, ahí donde estás conmigo y ahí donde eres el Único, ahí donde sólo el Amor está presente, el Amor que es todo, en todo mundo como en toda vida, incluso aquí donde todavía pisan tus pies en esta dimensión.

Vengo entonces a cantar el canto de la Resurrección que precede por poco el anuncio hecho por el cielo y la Tierra de tu liberación. Los tiempos se han cumplido y llego el momento de poner punto final al tiempo, a la ilusión y a su desarrollo.
Tú, que no conoce ningún tiempo ni espacio, siendo a la vez todo tiempo y todo espacio en cualquier morada donde te encuentres, reconócete en este canto de Amor y de Resurrección, reconócete en la verdad de tu liberación. Y canta, canta el canto del Silencio, y baila la danza de la inmovilidad, la que te permite estar a la vez aquí y en otras partes, y en cualquier parte al mismo tiempo, sin estar fijo en ninguna parte, estando presente en cada conciencia, en cada mundo como en cada dimensión, trascendiendo entonces el principio de la forma, reuniendo la esencia de lo que eres. Entonces, puedo decírtelo; tú el amigo y el amado, únete a ti ahí donde todo es sólo belleza, ahí donde todo canta la gloria de la Vida, la gloria de la Verdad y la gloria de la Eternidad.
Acógete, como te acojo en mí, nos acogemos a cada uno, dondequiera que estemos en cualquier dimensión que vengamos, porque somos la misma esencia, la misma danza y la misma vida. Entre nosotros no hay ninguna barrera, entre nosotros no existe ningún límite porque todo es infinito, todo es vasto, más allá de toda percepción de distancia.
Todo está aquí, ahí donde me encuentro y ahí donde te encuentras. En este espacio, no hay ningún espacio para la menor diferencia, no hay ningún lugar en esta inmensidad para la diferencia, ni espacio para el sufrimiento. Ahí donde está la Esencia, ahí está la Verdad que eres, más allá de toda apariencia, más allá de todo sufrimiento.
Reconócete. Llego la hora de responder a la llamada, ha llegado el momento de reencontrar tu Eternidad, ha llegado el momento de no mirar atrás, porque ningún pasado puede frenarte, ni ninguna condición puede limitarte en cuanto aceptas ver lo que es verdadero. No necesitas ni tu cerebro, ni tus sentidos, sólo necesitas estar ahí, en total transparencia y evidencia.
Te acojo en lo más hondo de mi Corazón, como me has acogido en lo más hondo de tu Corazón. Nos reunimos así en el corazón del Único, nos unimos así para la Eternidad, por la gloria de la Vida y de la belleza. Así es el canto del Amor, así es la Verdad, que no admite nada incompleto, ni sufre ninguna diferencia y sin embargo hay tantas formas en los vastos mundos, en los vastos universos y multiversos que estás llamado a encontrar de nuevo, poniendo punto final al sufrimiento, a la ilusión, a los pretextos, a las falsas apariencias y a la ilusión.
Así que alégrate, con la misma Felicidad del niño que no se pregunta sobre mañana, y que nunca mira atrás, sumergido en el instante y en la Eternidad. Estás ahí y estoy ahí, Somos Uno, unidos y juntos. No hay distancia, no hay diferencia, sólo hay la evidencia de nuestra danza Una, la evidencia del silencio. Únete a mí, para unirte a ti, a fin que te aclame durante tu tránsito, y ser el faro de tus noches ilusorias, dándote a vivir la Verdad del día infinito que no acaba y que nunca acabará, ahí donde el alba no necesita levantarse y donde la noche no necesita aparecer, ahí donde el ciclo de los planetas no interfiere en tu libertad ni te limita a cualquier experiencia que sea, pero ofreciéndote en la misma danza y la misma ronda la plenitud de lo que Eres.
Entonces tú, el amigo y el amado, reúnete, únete a lo que Eres. Todos te esperamos. La Creación entera canta contigo el canto de tu liberación, los Ángeles se inclinan cada día y a cada instante ante ti, ante tu Corazón que no sabe de nadie, que sólo reconoce el Amor, que sólo vive el Amor y que es Amor.
Escucha y oye lo que es, escucha lo que se vive, escucha lo que pide tu Eternidad a tu efímero, y no tomes en cuenta más las peticiones de este mundo. Reúnete, reúnete contigo ahí donde todo es fácil y todo es ligereza. Aléjate de lo que es pesado y cargado. Transfórmalo por tu esplendor y tu Luz, por tu verdad y tu canto. Déjate elevar a las Moradas de la Eternidad. Nada puede resistir a esta Ascensión y a esta Libertad. Nada puede oponerse a lo verdadero y a lo verídico.
Escucha, oye lo que te dice tu Corazón en este instante. Escucha lo que yo canto en ti, que no es más que el canto de tu liberación, el canto de tu Eternidad. El Verbo anima lo que durante mucho tiempo no era visible, y parecía que había que buscarlo a tu alrededor en este mundo y que sin embargo, lo has vivido, no has encontrado ninguna salida en el seno de lo que vives en este mundo y que sin embargo, has buscado tanto.
Hoy te lo digo, es la hora de la salvación. No hay nada más a buscar, ni nada a esperar, sólo hay la celebración de la Dicha, la celebración del Amor, la celebración de la Eternidad. No te vuelvas a ninguna otra parte que adentro de ti. Ni pasado ni futuro, todos los tiempos están inscritos en este instante, ahí donde se resuelve la ecuación, ahí donde se resuelve lo improbable que se vuelve certeza y evidencia. Te invito a esta danza, dondequiera que estés en este planeta. No hay obstáculos, ni fronteras, si no es en tu cabeza. No hay distancia entre los universos y multiversos, no hay separación en la Libertad. Sólo hay lo que Eres, y lo que quieres crear, y lo que deseas des-crear en la libertad total de lo que Eres.
Entonces no dudes, déjate llevar, déjate ser para que nunca más aparezcan lágrimas de llanto o de pena en tu rostro. Tu rostro de gloria que no conoce esta humedad. Que sólo conoce el calor del Corazón y el Fuego del corazón, ahí donde la Vida danza con total libertad, y no es comprimida por algún elemento, de donde sea, o de donde venga. Te invito a la Felicidad, al banquete y al festín de la Dicha, ahí donde no puede existir la menor carencia, ni la menor pregunta, porque en Ti, eres la respuesta al igual que eres el Camino, la Verdad y la Vida.
Te invito a Ser, más allá de toda apariencia. Te invito a ser más allá de toda palabra, más allá de todo discurso, más allá de todas tus ideas, más allá de todas tus esperanzas, porque incluso en tus esperanzas más locas, jamás has podido dudar que la Verdad es mucho más grande que la más grande de tus expectativas.
Así que no desesperes nunca más, porque todo se ha cumplido. Llego la hora de salir de lo que se sufre, de salir de las falsas apariencias, ni estar más limitado por una forma ni por una identidad, porque como quizá lo vives o bien lo vivirás, eres toda identidad, venga de donde venga y de donde sea, el mundo está en ti, y eres el mundo. Por supuesto no hablo de este mundo, sino del mundo de la Verdad, del mundo de la belleza y del mundo de la Eternidad, donde todas las formas son posibles y ninguna sombra puede ser proyectada, y ninguna sombra puede aparecer, porque ahí todo es Luz, es abundancia y es perfección.
Dondequiera que sea tu morada, en lo que está por vivir más allá de este mundo, que sepas que tu morada es la morada de cada uno, que no hay ninguna propiedad, ni pertenencia. Sólo hay unas resonancias que vienen de tus linajes y origen, pero éstas también se armonizan y se unifican en el seno de la fusión de los Éteres, en el Único.
Tú, Hijo Ardiente del Sol, escucha, oyes el canto de tu Ser, escucha el canto de tu planeta, que se levanta en algunos lugares a fin de elevarse hacia el cielo y reunirse con lo que viene y lo que es. Detente, y sobre todo descansa. No sufras más, ni te interrogues, se simplemente presente, simplemente ahí, dónde está tu verdadero lugar, que es todo lugar.
No te limites por nada que venga de este mundo que aún pisas, porque pronto descansarás más allá de este mundo, ahí donde está la Verdad. ¿Qué tienes a llevar a cabo? ¿Qué tienes a buscar en esta Verdad, que aún no esté revelado y adquirido? Te basta simplemente con volver la mirada hacia lo que siempre fue y siempre será.
Entonces en este instante, nombro para ti el Paracleto, llamo al Espíritu de Verdad, llamo tu Espíritu a ser lo que Soy, a fin de ser lo que Eres. No pongas ni distancia ni más diferencia, no nombres más, porque no necesitas ser nombrado, sólo necesitas reconocerte, más allá de toda idea, de toda forma y de toda pregunta.
En este instante, dondequiera que estés te invito; a dejar marchar lo que se fue y lo que no puede permanecer en el seno de la Eternidad. Te invito a agradecer a la Vida, y a agradecer al Amor, porque es lo que Eres. Entonces ríndete gracia a ti mismo, perdónate lo que todavía piensas tener que perdonarte, a ti mismo como a cada uno de este mundo. Concede tu perdón y tu paz, a todo lo que tu mirada cruza, a todo lo que tus pasos pisan. No hagas ninguna diferencia entre las formas, entre los reinos, aquí mismo en este mundo.
Entonces, tú el amigo, tú el amado, mira; mira ahí donde no se necesitan ni ojos ni sentidos, ahí donde sólo está la Evidencia. Aliméntate para nunca más tener hambre. Sacia tu sed, para nunca más tener sed, ni necesitar nada, porque todo ya está saciado, incluso antes de que lo expreses, en las moradas de la Libertad.
¿Cómo quieres todavía, viviendo eso, entre-viéndolo o instalándolo, todavía permanecer en la ilusión? Quédate aun así en este mundo hasta el final de la ilusión, pero la ilusión ha concluido para ti, en cuanto tu Corazón haya resonado en la Teofanía, en cuanto tu Corazón se haya elevado hacia la Verdad.
Mira, pronto tendrás la posibilidad de ver desde otro punto de vista lo que este mundo es, lo que es tu persona, porque nada debe permanecer escondido a fin de que te establezcas en la Eternidad, con el Corazón ligero, sin remordimientos ni arrepentimientos, sin apegos, y sobre todo en Libertad. Para, deja de buscar y recorrer las inútiles sendas del conocimiento porque todo ya está puesto en ti, y ha permanecido intacto desde el inicio de este mundo, y de esta ilusión.
Recuerda que: no hay nada por hacer, ni a poseer, ni a conocer que no esté ya presente en ti. Te basta simplemente de ver en tu profundidad, te basta simplemente ser justo y verdadero, no en lo que crees, sino en la cualidad y en la cantidad del Amor que emana de ti naturalmente. Así irradias el esplendor y la belleza, sin ningún deseo, ni alguna voluntad, porque esa es tu naturaleza y es tu esencia. Te invito a salir de todos los fenómenos, a fin de entrar en el numen y en tu Eternidad, sin vuelta atrás posible y sin mirar atrás, hacia lo que está muerto y lo que es falso.
Te invito a la más grande de las ligerezas. Te invito a no dejarte abusar por aquellos que te encadenan en las circunstancias y costumbres de este mundo, te invito a estar en pie, te invito a ser humilde, te invito a ser pequeño, a fin de ser la inmensidad y la totalidad de la Verdad.
¿Entonces, a qué esperas para ser la Verdad? ¿A qué esperas para no depender de lo que sea viniendo de tus pensamientos, ni de toda historia, ni de cualquier cosa que sea viniendo de tus costumbres? Te invito a la ligereza sin igual, que no puede ser comparada, que jamás podrá ser encontrada en este mundo, en cualquier placer, ni logro que sea. Ahí de dónde eres y donde estás, en profundidad y en verdad, no hay nada a conquistar, no puede haber ninguna carencia, no puede haber otra cosa que la Vida, no puede haber otra cosa que la Verdad.
Entonces, deposito en ti todo lo que ya está ahí, alumbrándolo quizá con agudeza e intensidad. Tú, el amigo, el amado, al que le llegó la hora del despertar, aquel del Juramento, aquel que le llegó la hora de su Resurrección, no puedes ignorar lo que es la Verdad. Sólo depende de ti, de apartarte de lo que sólo pasa, para que nunca más vuelvas a pasar por las redes del sufrimiento, por las redes del encierro. Nunca más te será impuesto. Nunca más volverás a hacer lo ya hecho, por fin reencuentras la Libertad y descubres que todo siempre ha sido perfecto, más allá de los juegos, más allá de los sufrimientos de este mundo.
Reencuéntrate, apacíguate, cálmate. Estoy aquí, te veo. Déjame estar ahí, simplemente ahí, en tu Corazón y en tu seno. Déjame cantar contigo el canto de tu salvación. Déjame cantar contigo el silencio de tu Eternidad. Tú, que estaba ya presente antes de toda forma en cualquiera dimensión, tú que siempre has estado vivo, me dirijo a ti. Estás vivo, has renacido. Siente el júbilo y una vida nueva que sube en ti, que no puede ser comparada a ninguna verdad de este mundo que sólo pasa, entendiendo y viviendo así, que es la única Verdad. No te dejes abusar más por las bajezas de este mundo. Vuelve definitivamente tu mirada en ti, ahí donde el enfoque del mundo te aparecerá por lo que es: oro y brillos que sólo son baratijas, y que únicamente pueden seducir, pero nunca convencer, cualesquiera sean las apariencias.
En este cuerpo está el templo de la Eternidad. En este cuerpo donde todavía estás, tu conciencia ya sabe que tiene todos los espacios y que no puede estar limitada a ningún espacio, y no puede estar limitada a una dimensión dada.
Escucha, oye lo que te digo. Escúchame y óyeme directamente en tu Corazón. Y ahí, tu Corazón se tiende hacia el infinito de nuestra Presencia Una, a fin de estar suelto y perfecto, porque siempre lo ha sido, porque siempre es así en la Eternidad. Es lo que eres, lo que fuiste y lo que serás, cualesquiera que sean los sufrimientos que has podido experimentar en este mundo. Te invito al Amor que no depende de ninguna forma ni atadura. Te invito al Amor que se encuentra en ti, y que es lo que Eres. Te invito a ser más allá de toda apariencia, te invito a ser más allá de toda condición. Te invito a ser más allá de toda historia. Te invito a ser más allá de todo escenario. Te invito a ser más allá de todo haber. Te invito finalmente, a ser la Verdad que eres.
No escuches lo que todavía pueda decirte a veces tu cabeza, y sigue a tu Corazón, en lo que te proponga y te demuestre, en lo que te muestre, en lo que te dé en cada aliento. No te dejes abusar más por nada perteneciente a este mundo. Vive tu vida desde lo más hondo que puedas vivirla, y mira como lo que eres, incluso en este mundo logra transformarse, sin quererlo y sin esfuerzo, sin dificultad, con evidencia, en cuanto permaneces con base y solidez ahí donde siempre has estado.
Te invito a reunirte contigo para siempre, te invito a no parecer más aquí mismo, a permanecer firmemente establecido aquí mismo, sino simplemente dejando de ver más diferencias entre cada Uno. Mira, ve en tu Corazón que cada uno está ahí presente. Vívelo, percíbelo y siéntelo, mostrándote que el otro es tan importante como tú, incluso en la denigración y en la oposición. Todo esto sólo es un juego, todo esto sólo es un sufrimiento que pasa, y el juego de la conciencia encerrada.
Hoy descubres que no podrá haber el menor encierro en la libertad de Ser, en la libertad de tu Corazón. Eso está al opuesto de lo que has vivido en este mundo, está al opuesto de lo que has podido experimentar. Los tiempos se han cumplido, los tiempos han llegado, el tiempo se ha abolido.
Tienes la capacidad de vivirlo en ti, sin demoras y sin esperar. ¿Entonces, a qué esperas para estar aquí en totalidad? ¿A qué esperas? Sonríe conmigo. Que tu mirada brille por la Luz de tu Corazón. Que tus manos lleven tu Corazón en cada gesto, que tus palabras lleven el Verbo en cada expresión. Que tu cuerpo sea el templo que irradia la Luz transmutada y regenerada, dándote acceso a tu otro cuerpo, el que jamás te dejará y te permite experimentar a cada uno en cada dimensión, y a cada uno en cada mundo.
Deja exultar tu Corazón, no reprimas lo que Eres. No te dejes llevar más por las últimas sirenas de tu mente, por las últimas reivindicaciones de tu persona. No hay nada más a buscar porque no hay nada que encontrar fuera de ti. Afuera sólo se encuentra la apariencia, la pacotilla, los oros y los dorados que quizás te hayan seducido, y que sin embargo no son nada comparado con el oro de tu Corazón, comparado al oro del Amor. Ha llegado el momento de entrar en ti, ha llegado el momento de volver a tu hogar, ha llegado el momento de Aquel que viene, llego el momento de Aquella que te llama, llego el momento de reencontrarte en tu entereza, en tu totalidad.
Entonces, el amigo, el amado, Acógeme aún más, no cierres nada, déjate atravesar en la transparencia y la Evidencia, déjate llevar por tu Corazón, déjate vivir por la vida del Eterno. Ahí donde estás, en el Corazón del Corazón, no hay ningún contrato, no hay ningún límite, ni ningún compromiso, si no de ser verdadero, hagas lo que hagas y vivas lo que vivas. Que descanses más allá de la Fuente, que te vuelvas la Fuente o que te vuelvas cualquier forma que sea, en la dimensión que sea, todo esto es; Único, todo esto es; Uno, a diferencia de tu mundo, que no es el tuyo, y que te encerró.
Entonces tú, el amigo y el amado, déjate devorar por el Fuego de la pasión del Amor, déjate devorar por la Dicha eterna, deja consumirse lo que debe desaparecer. Déjate ser.
Entonces, el amigo, el amado, Vive, vive lo que tu Corazón es, sin límite, sin freno. Atrévete a aparecer finalmente en tu desnudez, despojado de todo lo adquirido, de todo haber, en la desnudez de la infancia, en la desnudez de la virginidad que no conoce ninguna mancha y que no tiene ninguna idea de lo que es contrario a la Verdad.
Te invito también a llamarme, a nombrarme, a acogerme cada día, yo el que lleva el mensaje de tu resurrección, aquel que viene a ver lo que se celebra en ti a cada minuto, en cada soplo de este tiempo que finaliza. Páusate aún más profundamente, deposita los fardos de este mundo. Ahí donde estás, y donde te diriges, no hay ninguna posibilidad de fardo, de peso o de equipaje, ya que todo está en ti. No hay nada a pensar, no hay nada que preparar, sólo hay que estar más allá de toda apariencia y más allá de todo deseo.
Entonces, el Verbo de Vida nace desde tu Corazón y sopla en silencio a la cara de este mundo, la Verdad inefable. Nadie puede oponerse a ello, nadie puede sustraerse a ello.
Tú, el amigo y el amado de toda Eternidad, tú, el amado amigo de cada instante, de cada presente, sonríe con la sonrisa del justo, sonríe con la dicha de tu Corazón, sonríe a lo que se aleja, sin arrepentimientos y sin remordimientos. Aligérate, porque el Amor es ligero. Sé sonriente, porque la Luz es sonrisa. Déjame vivir contigo el corazón a corazón, al Corazón del Corazón. Déjame estar en tu lugar como te cedo mi lugar, porque entre mi lugar y tu lugar, no hay distancia, no hay la menor diferencia; y sin embargo, cada uno tiene su lugar. Esto, no lo puedes comprender, ni lo puedes entender, sólo puedes averiguarlo, sólo puedes cumplirlo porque ya está cumplido de toda Eternidad.
Entonces, elévate más allá de toda apariencia. Elévate más allá de toda forma. Permaneces aquí, y sin embargo, eso se vive, porque en el Corazón no necesitas de las referencias de este mundo, porque no hay ni alto, ni bajo, ni dentro, ni fuera, ni exterior, ni interior. El tiempo no pasa, el tiempo no se despliega ni avanza, porque el tiempo es desconocido, porque el espacio es desconocido, en cuanto lo aceptas.
En tu Corazón está el todo, en cuanto que tu persona no es nada. Déjate ser, suelta todo tener, deja atrás de ti todo conocimiento que sólo puede estorbarte y ralentizarte. Mira lo que es, ve la felicidad del Amor, que es tu Corazón y que Eres.
…Silencio…
En el silencio de este instante, te invito a ser verdadero, tú que eres verídico, tú que estás ahí en la Eternidad, tú que estás ahí conmigo. Entonces, te consagro del canto de la Gracia. Entonces te corono con la corona de Gloria.
Tú, el querido amigo, siente la dulzura y la potencia de la Verdad, siente la intensidad de este Amor sin fin que no puede estar atado, ni limitado. Ven conmigo, te llevo hasta ti. Eres reanimado de la nueva vida desde este instante. Acéptalo porque esto te pertenece, es lo que eres. Deja el ardor de tu Corazón comunicarse con cada uno a tu alrededor. Deja el ardor de tu Corazón consumir las últimas reticencias en ti, como a tu alrededor. Eres esta felicidad, todo lo demás no representa nada más que ilusiones y sufrimientos a la espera.
Tú, no tienes nada que esperar. Todo es ya perfecto en lo que Eres, más allá de todo tener y toda apariencia. Entonces escúchame. Lo que te digo ahora, lo que digo a tu Corazón, no necesita palabras, ni frases, esto es, simplemente, en este instante.
…Silencio…
Mi querido amigo… mi amado amigo, oye lo que te digo en tu intimidad, en tu Presencia.
…Silencio…
Entonces, en tu Corazón, desciende el Espíritu de la Santidad, el Coro de los Ángeles, a lo lejos, en este silencio. Tu Corazón se eleva hacia las Moradas de la Eternidad, hacia las Moradas del Éter verdadero.
¿A qué puedes estar todavía atado si no es a tu Libertad? ¿A qué puedes estar encadenado si no es a tus ilusiones, a lo que sólo pasa?
Mi amigo, mi amado, sonríe. Estoy contigo, Aquí y Ahora. Abre tus manos y recibe lo que es tuyo.
…Silencio…
¿Qué más puedes necesitar en lo que está ahí? ¿Qué puedes buscar cuando ya te has encontrado? Estás ahí donde todo es completo y perfecto, donde todo es verdadero. ¿Necesitas algo más? Hazte esta única pregunta: ¿qué puede faltar en este Amor?
…Silencio…
Mi amigo, mi amado, tú que eres el amigo y el amado, el Espíritu de la Verdad te llena sin parar. El Espíritu de la Verdad es la alegría de tu Corazón.
…Silencio…
Tú, Hijo del Único, ha llegado de momento de callarme, para dejar hablar mi Corazón en tu Corazón, ahí donde todo son señales, ahí donde todo es Evidencia. El resto no tiene importancia.
Te bendigo tres veces, en nombre de Cristo, en nombre de María, y en nombre de Mikaël.
Soy Uriel, Ángel de la Presencia y Arcángel de la Reversión, y en tu Corazón, yo soy Tú.
Sé bendecido, y ve en Paz a la Libertad.
Hasta siempre. Permanezco ahí, en tu Corazón.
***